Higuera de Albalat, por Gonzalo Hidalgo

Higuera de Albalat, por Gonzalo Hidalgo

Un siglo antes de que yo naciera, Pascual Madoz escribió sobre Higuera de Albalat tres o cuatro pinceladas descriptivas, como, por ejemplo, que la villa «tiene cuarenta y cinco malas casas agrupadas a la iglesia, en calles irregulares, y una pequeña plaza con el empedrado natural de las peñas”», o que «se surte de aguas potables en una fuente de dos caños, con agua caliza y mala, y una garganta o arroyo, al sur, que la tiene abundante y exquisita».

Cien años después, durante la década de los cincuenta, cuando yo crecía y correteaba por esas calles irregulares, la fisonomía del pueblo no era muy diferente, salvo, tal vez, en el número de casas. Higuera de Albalat era uno de esos pueblos detenidos en un tiempo remoto, situados al final de una carretera sin futuro, en la falda de un monte exento de grandeza épica o geológica. Sin embargo, según la ley de la debida proporción, todo se acomodaba a la dimensión equilibrada de su frecuencia o su rareza.

Casi nadie acudía nunca a aquel fin de trayecto, salvo el cartero, que llenaba la mañana con el fragor de una moto prehistórica, salvo algún vendedor ambulante de mantas o utensilios de cocina, salvo un pordiosero descalzo y transeúnte al que seguían nubes de moscas fieles, al que acosábamos los niños. De vez en cuando, un día entre semana había cine, todo un misterio de cajas numeradas, tentación de carteleras sepia y magia amarillenta de celuloide. Los niños disfrutábamos los jueves por la tarde y los domingos, compartíamos juegos y aficiones: zancos y aros, jinquetes y bolindres, nidos y tiradores; repartíamos las estaciones entre el prado y la plaza; llegábamos, en ocasiones, a la fuente sosa y a la garganta; peleábamos.

Los mozos corrían gallos por quintas, las mujeres cosían al sol y algunas familias escuchaban por la noche radio Andorra. Teníamos alcalde y secretario, maestro y maestra, compartíamos cura y médico, intermitentes. Había una mina y un molino harinero. Los nombres tenían el vigor semántico de lo absoluto: Alcaceles, Rinconcillo, Umbría de la Parrilla, Garganta Honda, Cerro Cepillo, Cancho Rebozo, Chinalavá. La torre de la iglesia se nos antojaba rascacielos y su escalera de caracol fue la primera noción de laberinto. Tales ingredientes (a los que se suma el escueto paradigma del acontecer rural) bastan para que mi memoria regrese una y otra vez a los orígenes: con ellos he hecho todas las combinaciones pertinentes para articular el universo.

Como todos los que se han alejado del paraíso, yo poseo una geografía particular del pueblo que desgrano en mitología histórica y literaria: sé, por ejemplo, donde está el Calvario, el lugar de la crucifixión, el monte Tabor, el mapa del antiguo testamento; conozco el punto en el que don Quijote hizo penitencia abrupta, la casa del hidalgo de Lazarillo, la torre de Segismundo, el condado entero de Yoknapatawpha, el escondite de Numa a la entrada del bosque; incluso, detrás de una leve loma, hay una salida al mar por donde escapan todos los personajes que buscan la isla del tesoro o el corazón de las tinieblas.

Definitivamente, Higuera de Albalat contenía el mundo y lo sigue conteniendo. De modo que por mucha razón que tenga Madoz para asegurar que la villa se asienta sobre un «terreno ingrato, de sierras pedregosas y ásperas, nada fértil, abundante en jara, brezo y madroño», yo no tendré más remedio que contradecirle íntimamente y afirmar que en Higuera de Albalat se sitúa, sobre todo, de manera primordial, el inagotable escenario de mi infancia y, como consecuencia, en síntesis infalible, el origen y el destino de mis imaginaciones.

1 Comentario

  • Posted 15 Diciembre, 2016 Eustiquia 8:31 am

    Precioso todo lo escrito, yo vive alli hasta que hice la comunion soy del 47.Añoro sobre todo la union que habia por entoces mis recuerdos son mas de las personas lo cariñosas que eran como nos trataban cuando ibamos. Parecia que todos eramos familia,.En nuestro pueblo no habia forasteros cual quier persona que llegara fuera de donde fuera era bien acogida.CUANTO ECHO ESO DE MENOS

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